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Mostrando entradas con la etiqueta ropa de surf. Mostrar todas las entradas
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Julie es la artista que hay tras Swim with me , una marca de ropa hecha y coloreada a mano con tintes naturales en la soleada California. T...
Julie es la artista que hay tras Swim with me, una marca de ropa hecha y coloreada a mano con tintes naturales en la soleada California. Todo muy arty y ecológico. La ropa es discutible, pero no sus grabados a todo color que ella misma graba y colorea utilizando madera que posteriormente imprime sobre papel de algodón. Una maravilla...







Ayer por la noche me lo pasé en grande haciendo esto. Es sólo una idea, pero fue unas risas imaginarlo. A ver que os parecen las demoledoras...
Ayer por la noche me lo pasé en grande haciendo esto. Es sólo una idea, pero fue unas risas imaginarlo. A ver que os parecen las demoledoras UN t-shirts. Mi favorita, de largo, es la primera.



Dios te bendiga

Jay sonreía siempre, no lo olvides

San Slater que estás en los cielos

Good kook, dead kook

Poser Machado

Antes de empezar, una aclaración: no tengo ni idea de moda femenina . Sin embargo sí tengo una gran capacidad para decidir las cosas que me ...
Antes de empezar, una aclaración: no tengo ni idea de moda femenina. Sin embargo sí tengo una gran capacidad para decidir las cosas que me gustan y las que no. Y entre las primeras, las mujeres y el surf tienen un sitio preferente.

Con esta premisa, hoy traigo al blog una de esas cosas que me parecen especialmente interesantes: el trabajo de diseño y moda de Amanda Chinchelli. Esta hermosa ítalobrasileña afincada en California, es propietaria y diseñadora de Seea, una marca de ropa técnica de surf (bañadores, lycras y ponchos para cambiarse) que no renuncia a la estética en pro de la funcionalidad, que aúna surfing y estilo y, sobretodo, que rompe con lo comercialmente establecido. ¿Sí o qué?

El aparcamiento a pie de playa estaba hasta los topes. En el agua, unos veinte surfistas se repartían una marejada del noreste que había cre...
El aparcamiento a pie de playa estaba hasta los topes. En el agua, unos veinte surfistas se repartían una marejada del noreste que había crecido con fuerza durante la mañana. Yo acababa de salir del agua y caminaba despacio hacia el coche. La tarde era cálida a pesar de que la primavera acababa de empezar y las olas rompían con calidad y fuerza.

En pequeños grupos alrededor de los coches los amigos conversaban sobre el baño y algunas chicas reían y se hacían confidencias. En la orilla, un grupo más numeroso criticaban cada una de las olas que cogían los de dentro. "Todo parece fácil en seco", me dije mientras goteaba agua salada. Tras una furgoneta, una rubia atlética se subía la cremallera del traje bajo la presión de cuatro chavales que no le quitaban ojo. Una tarde típica de surf mediterráneo.

En esas estábamos cuando un coche con tablas en la baca irrumpió a toda velocidad. Un par de frenazos escandalosos después aparcó, captando la atención de todos. Salieron de él dos chicos y una chica. Apenas habían doblado los veinte años y una post-adolescencia rebosante de attitude les envolvía. Pantalones stretch, camiseta ajustada y gorra surfera ladeada. Enormes gafas de sol, pendientes y algún tatuaje. Un anuncio de ropa a doble página había cobrado vida ante nuestros ojos.

Bajaron las tablas de la baca, se pusieron las mochilas a la espalda y echaron a andar hacia la playa. Un paseo aparentemente relajado, pero calculado al milímetro. Un paseo que, para ellos, valía tanto como la mejor ola del día.

(Este artículo lo publiqué originalmente en SurfStories, blog actualmente offline, bajo el mismo título y ha sido corregido para esta entrada)