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Mérope es la más pequeña de las Pléyades, las siete hijas de Atlas y Pléyone en la mitología griega. Su paso por el firmamento, perseguid...

Mérope es la más pequeña de las Pléyades, las siete hijas de Atlas y Pléyone en la mitología griega. Su paso por el firmamento, perseguidas eternamente por la constelación de Orión, marca el inicio y el fin del verano. Debido a eso en la Antigüedad fueron muy veneradas. Pero de las siete estrellas, Mérope es la que permanece siempre oculta, con un brillo más tenue, pues según cuenta la tradición fue la única de las Pléyades que se casó con un mortal.

Así se llamaba mi barco en honor a la más especial de las siete hermanas. Nos separamos ayer, cuando la adoptó otro marino, y me costó mucho desembarcar por última vez. Pensar que ya no era mía. O yo ya no era suyo, tantas veces como tuvo mi destino sobre su quilla, en sus cabos, en sus mamparos y en sus velas. Me costó dejarla en otras manos, libre de nuevo, con sus viejas manías y su apacible temperamento

Cuando salté al pantalán y me alejé de allí recordé amaneceres, sentí el viento, las olas discurriendo contra el casco, esas últimas luces del día coloreando de calidez el mar, ese mar Mediterráneo antiguo e imprevisible. Y me sentí un poco más viejo, marino sin barco, añorando en cada paso el suave balanceo de cubierta, ese que aún siento a veces al cerrar los ojos, ese que me esforcé en sentir de nuevo para decirle adiós.

"Wouldst thou,"--so the helmsman answered, Learn the secret of the sea? Only those who brave its dangers Comprehend its ...

"Wouldst thou,"--so the helmsman answered,
Learn the secret of the sea?
Only those who brave its dangers
Comprehend its mystery!"

H.W. Longfellow "The Secret of the Sea"

Tengo la suerte de conocer a una de las personas más cultas del planeta Tierra. No es un intelectual reconocido, ni un escritor afamado ni, ...
Tengo la suerte de conocer a una de las personas más cultas del planeta Tierra. No es un intelectual reconocido, ni un escritor afamado ni, por supuesto, un periodista de prestigio. Es abogado y ha dedicado su vida entera, desde la infancia, a devorar un libro tras otro. Su biblioteca personal, caótica y numerosísima, es digna de admirar. Pero no sólo por la cantidad, variedad y profundidad de las obras en ella recogidas, sino por el hecho de que todos los libros que reposan en las estanterías, sobre las mesas, las sillas e incluso en el alféizar de las ventanas, han sido incorporados al conocimiento exhaustivo del mundo que atesora su dueño. Eso es lo más admirable.

Siempre disfruto mucho cuando tengo la oportunidad de charlar con él. Aunque quizá el término correcto no es charlar, sino sencillamente escuchar. Maravillarse con la capacidad de explicar el mundo relacionando hechos, épocas, causas y efectos que a la mayoría de nosotros nos pasan desapercibidos. Ayer fue una de esas ocasiones. Hablamos de muchísimas cosas, de geopolítica, del petróleo de Oriente Medio, de minas de diamantes en África del Sur, del dinero africano en Portugal, de fronteras, de oleoductos estratégicos en Afganistán, de El Gaddafi y Hussein, de la CIA, de Obama, de portaaviones, de submarinos, de fragatas... Un informe completo. En un momento de la conversación llegamos a la conclusión de que, pese a tener un pensamiento crítico, pese a tener la inquietud necesaria para estar informados mucho más allá de lo que los medios tradiconales nos ofrecen, pese a poder comprender lo injusto, aterrador y atroz que es el mundo y el sistema que lo gobierna, no hacemos nada para cambiarlo. Sencillamente porque no hay mucho que podamos hacer. Básicamente estamos solos en esto.

Al instante recordé un pasaje del libro de Justin Scott "El Cazador de barcos": "En el mar puedes hacerlo todo bien, según las reglas, y aun así el mar te matará. Pero si eres buen marino, al menos sabrás dónde te encuentras en el momento de morir". De eso se trata, dijimos, de saber quién te está asestando el golpe. De tener claro quién, cómo y porqué está acabando con tu vida, arruinando tu felicidad, recortándote libertades, haciendo desaparecer conquistas sociales que necesitaron mucho esfuerzo y sufrimiento. Para eso es necesario leer, investigar, informarse, ser curioso hasta el absurdo, escéptico hasta la extenuación. Para saber en el momento de la muerte, real o figurada, quién nos ha llevado hasta allí y por qué motivo.