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Cuando hablamos de pelis de surf, ya sean de ficción o documental, estamos acostumbrados a soportar mil clichés que se repiten sin desca...
Cuando hablamos de pelis de surf, ya sean de ficción o documental, estamos acostumbrados a soportar mil clichés que se repiten sin descanso. Los estilos y las historias se van adaptando a las modas, pero no divergen en lo esencial: surfistas viajeros, más o menos hipsters con un punto arty y ecofriendly, que se retratan cogiendo olas increíbles. Mucho palmeral y arena del Índico. Las marcas apoyan esas iniciativas y van a muerte con el product placement: ese Macbook con pegatas, esos mil logos en todas las tomas, camisetas, bikinis, sandalias... spots publicitarios de 40 minutos de duración.

Hay excepciones, por supuesto, pero son contadas. Lo que es esperanzador es que esas excepciones tienen muy buena acogida precisamente porque rompen con el estereotipo.

En el Festival de Cine Maremostra, dedicado enteramente al mar que ya va por su cuarta edición y que se celebra cada primavera en Palma de Mallorca, es costumbre (sana y buena costumbre) dedicar un hueco al mundo del surf. Y suelen seleccionar pelis que transgreden la visión clásica. Este año no es una excepción y presentan dos propuestas muy interesantes:

God went surfing with the devil



El conflicto entre Israel y Gaza contado desde una tabla de surf. La historia de ‘God went surfing with the devil’ arranca en 2007 cuando un grupo de jóvenes surfeaba en Gaza en el mismo momento en que Israel decidió sellar las fronteras. Lo que sigue es el relato de un grupo de activistas en la odisea de intentar enviar 23 tablas de surf en mitad de la vorágine política y militar.
Director: Alexandre Klein
Hora: 2 de Mayo a las 17:00 – 18:30
Lugar: Cine Ciutat
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Out in the line-up



Dos surferos homosexuales se embarcan en un viaje alrededor del mundo para desenmascarar el tabú de la homosexualidad en el surf. Pasarán a formar parte de una comunidad emergente preparada para abandonar las sombras del secretismo y crear una cultura del surf más abierta y tolerante.
Director: Ian Thomson
Hora: Sábado, 2 de mayo a las 18:00 – 19:15
Lugar: Cine Ciutat
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La diseñadora gráfica Ann Kirchner realizó un gran trabajo lleno de fantásticos detalles para el branding del festival de cine de surf &quo...
La diseñadora gráfica Ann Kirchner realizó un gran trabajo lleno de fantásticos detalles para el branding del festival de cine de surf "The great New England surf movie marathon". Las postales con carteles de películas y el tubo de bolsillo me parecen geniales...




Del 27 al 30 de junio el surf marida con el cine en Lisboa, una ciudad con gran cultura surfista y una de mis capitales europeas preferidas....
Del 27 al 30 de junio el surf marida con el cine en Lisboa, una ciudad con gran cultura surfista y una de mis capitales europeas preferidas. Se trata del SAL: Surf At Lisbon Film Fest que durante cuatro días celebrará una muestra con la proyección de películas de surf comerciales e independientes, de largo y corto metraje. Es la segunda edición después de la primera realizada en 2012 con algunos premiados ilustres. Si pasas por Lisboa en esas fechas, ya sabes...

Además se han currado un clip de presentación muy bueno: os pongo unos stills y el vídeo al final. Enjoy!





Si estáis en Palma el próximo miércoles 8 de mayo hay un plan que, como decía aquél, mola más que todas las cosas ;-) El Festival de Cine M...
Si estáis en Palma el próximo miércoles 8 de mayo hay un plan que, como decía aquél, mola más que todas las cosas ;-) El Festival de Cine Maremostra dedica toda la tarde al surf en el Cine Ciutat. Ni más ni menos que Surfing & Sharks, Chasing Mavericks y Raw.

Hay abonos disponibles y las entradas normales están a 2 eurillos. Además, colegas de profesión están involucrados en la comunicación del Festival y hay que arrimar el hombro ;-) Let's go!


La noche era cálida y algo pegajosa en aquel rincón perdido en medio del campo. El cielo estaba estrellado, pero el brillo de las estrellas ...
La noche era cálida y algo pegajosa en aquel rincón perdido en medio del campo. El cielo estaba estrellado, pero el brillo de las estrellas nos llegaba tamizado por la densidad del aire veraniego. Los grillos cantaban en el jardín y, en la mesa puesta bajo el porche, las conversaciones y las risas deambulaban despreocupadas entre la decena de personas que compartíamos la cena.

Yo estaba disfrutando de la comida y de la compañía, pero estaba intranquilo. Después del postre empezaría lo que realmente nos había traído hasta allí y era algo en lo que, esta vez, yo estaba involucrado de lleno.

Éramos compañeros de trabajo. Teníamos claro que llevarse bien era importante y, además, a todos nos generaba curiosidad conocernos unos a otros en un ambiente distinto. Por ese motivo salíamos a cenar a veces o, como en aquella ocasión, organizábamos cineforums en casa de alguien. Nada demasiado especial, claro. Sólo que aquella vez la película la había elegido yo y no quería defraudar a nadie.

Sirvieron el postre. Al terminar, saqué la película y se la entregué al tipo que estaba instalando el proyector. La pantalla era una sábana vieja tensada contra una de las paredes de piedra de la casa. El escenario era inmejorable: los estómagos llenos, una tranquila noche veraniega con luna creciente y una casa de campo aislada, envuelta de fragante naturaleza.

-Tened en cuenta que es una película clásica, de los años 60. Y aunque trata de lo que ya sabéis, intentad ir un poco más allá y ver el trasfondo de la historia: la amistad a lo largo de la vida, los distanciamientos y los reencuentros...

Alguien me interrumpió. Reímos. Todos se pusieron cómodos y comenzó la película. En las siguientes dos horas nadie abrió la boca, pero yo traté de registrar todas las reacciones.

Enseguida noté que nadie se había puesto en situación. La estética de la película provocó más risas que otra cosa. El doblaje era nefasto y algunas expresiones sonaban ridículas. Todo lo que para mí formaba parte del encanto de la película fue motivo de sonrisas condescendientes. Incluso alguien se durmió.

Sin embargo, me esforcé en disfrutar de aquello. Ver la película proyectada de manera casera, con las arrugas de la sábana y el marco de piedra viva de la casa, con todos los sonidos de la noche campestre de fondo, me parecía algo mágico. El contraste de los azules del océano Pacífico, ese verano resplandeciente en los ojos de los protagonistas y la fábula que subyacía en el argumento completaban una experiencia de la que disfruté muchísimo.

Pero sospecho que fui el único.

Nos despedimos de madrugada entre bostezos. Yo me fui un poco decepcionado, pero en el camino de vuelta reflexioné sobre aquello. Pensé que les había hecho un regalo involuntario: un puerta abierta a un mundo que tenía mucho más sentido que todo aquello. Mucho más valor que el maldito empleo, nuestras profesiones o aquellos puñeteros cineforums. Les había mostrado la grandeza del surf, la prevalencia de un estilo de vida sobre las miserias humanas, sobre las guerras, los desencuentros y la muerte.

Pero ellos sólo fueron capaces de reírse con el peinado de Jack Barlow, la sobreactuación de Leroy el Masoquista y el mostacho sesentero de Gerry Lopez.