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Era la hora del ocaso y estaba sentada en la terraza de aquel bar del paseo de Rosales como si estuviera en un mirador que al mismo tiempo ...
Era la hora del ocaso y estaba sentada en la terraza de aquel bar del paseo de Rosales como si estuviera en un mirador que al mismo tiempo fuese un muelle. De vez en cuando contemplaba la estrecha caleta del vallecito, a su izquierda, perdiéndose en colores, calígine y humos hasta hacerse alta mar dorada en las brumosas montañas de la sierra. Luego todo se tornaba rojo, como el vinoso Mediterráneo de los crepúsculos, y emergían amenazantes escolleras oscuras del Parque del Oeste, de los Viveros de la Villa y del apretado bosque de la Casa de Campo. Se oían pitidos de locomotoras portuarias y un rumor metálico de peces asaltados por peces mayores, que transforman sus ordenados y precisos desfiles en vorágine caótica y hacen sonar la hora encamada de la matanza, y crujía suavemente, caricioso al oído, el apresto de las despedidas más largas. El Manzanares, paralizado y submarino, asomaba el lomo plateado.

Hacía un rato que había dejado sus cuadernos abandonados sobre el mármol del velador y miraba al mar resultante de muchos mares de verano; un mar compuesto de las sensaciones tenidas desde la infancia, acrecido y sensibilizado ahora, y que se le hacía melancólicamente real en el atardecer madrileño. Las aguas de entonces batían sus sentidos y había en ella éxtasis y anegación.

Ya era noche marítima, con luces bordeando la caleta y titiladoras poblaciones lejanas,cuando quiso volver a sus quehaceres. Tomó un sorbo de cerveza desagradablemente tibia y con el bolígrafo dibujó una delicada línea ondulada, a la que sumó otra y otra, ensimismándose. Así fue sorprendida.

"Los pájaros de Baden-Baden". Ignacio Aldecoa.
Una de las descripciones más bellas que he leído. Por el lenguaje brillante, la evocación y la traviesa paradoja de representar el paisaje madrileño a través del mar. Estoy disfrutando mucho de "Tierra de nadie y otros relatos" de Ignacio Aldecoa, un autor del neorrealismo español del que no había leído nada y que me ha deslumbrado.

Tengo la suerte de conocer a una de las personas más cultas del planeta Tierra. No es un intelectual reconocido, ni un escritor afamado ni, ...
Tengo la suerte de conocer a una de las personas más cultas del planeta Tierra. No es un intelectual reconocido, ni un escritor afamado ni, por supuesto, un periodista de prestigio. Es abogado y ha dedicado su vida entera, desde la infancia, a devorar un libro tras otro. Su biblioteca personal, caótica y numerosísima, es digna de admirar. Pero no sólo por la cantidad, variedad y profundidad de las obras en ella recogidas, sino por el hecho de que todos los libros que reposan en las estanterías, sobre las mesas, las sillas e incluso en el alféizar de las ventanas, han sido incorporados al conocimiento exhaustivo del mundo que atesora su dueño. Eso es lo más admirable.

Siempre disfruto mucho cuando tengo la oportunidad de charlar con él. Aunque quizá el término correcto no es charlar, sino sencillamente escuchar. Maravillarse con la capacidad de explicar el mundo relacionando hechos, épocas, causas y efectos que a la mayoría de nosotros nos pasan desapercibidos. Ayer fue una de esas ocasiones. Hablamos de muchísimas cosas, de geopolítica, del petróleo de Oriente Medio, de minas de diamantes en África del Sur, del dinero africano en Portugal, de fronteras, de oleoductos estratégicos en Afganistán, de El Gaddafi y Hussein, de la CIA, de Obama, de portaaviones, de submarinos, de fragatas... Un informe completo. En un momento de la conversación llegamos a la conclusión de que, pese a tener un pensamiento crítico, pese a tener la inquietud necesaria para estar informados mucho más allá de lo que los medios tradiconales nos ofrecen, pese a poder comprender lo injusto, aterrador y atroz que es el mundo y el sistema que lo gobierna, no hacemos nada para cambiarlo. Sencillamente porque no hay mucho que podamos hacer. Básicamente estamos solos en esto.

Al instante recordé un pasaje del libro de Justin Scott "El Cazador de barcos": "En el mar puedes hacerlo todo bien, según las reglas, y aun así el mar te matará. Pero si eres buen marino, al menos sabrás dónde te encuentras en el momento de morir". De eso se trata, dijimos, de saber quién te está asestando el golpe. De tener claro quién, cómo y porqué está acabando con tu vida, arruinando tu felicidad, recortándote libertades, haciendo desaparecer conquistas sociales que necesitaron mucho esfuerzo y sufrimiento. Para eso es necesario leer, investigar, informarse, ser curioso hasta el absurdo, escéptico hasta la extenuación. Para saber en el momento de la muerte, real o figurada, quién nos ha llevado hasta allí y por qué motivo.