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Tengo la suerte de conocer a una de las personas más cultas del planeta Tierra. No es un intelectual reconocido, ni un escritor afamado ni, ...
Tengo la suerte de conocer a una de las personas más cultas del planeta Tierra. No es un intelectual reconocido, ni un escritor afamado ni, por supuesto, un periodista de prestigio. Es abogado y ha dedicado su vida entera, desde la infancia, a devorar un libro tras otro. Su biblioteca personal, caótica y numerosísima, es digna de admirar. Pero no sólo por la cantidad, variedad y profundidad de las obras en ella recogidas, sino por el hecho de que todos los libros que reposan en las estanterías, sobre las mesas, las sillas e incluso en el alféizar de las ventanas, han sido incorporados al conocimiento exhaustivo del mundo que atesora su dueño. Eso es lo más admirable.

Siempre disfruto mucho cuando tengo la oportunidad de charlar con él. Aunque quizá el término correcto no es charlar, sino sencillamente escuchar. Maravillarse con la capacidad de explicar el mundo relacionando hechos, épocas, causas y efectos que a la mayoría de nosotros nos pasan desapercibidos. Ayer fue una de esas ocasiones. Hablamos de muchísimas cosas, de geopolítica, del petróleo de Oriente Medio, de minas de diamantes en África del Sur, del dinero africano en Portugal, de fronteras, de oleoductos estratégicos en Afganistán, de El Gaddafi y Hussein, de la CIA, de Obama, de portaaviones, de submarinos, de fragatas... Un informe completo. En un momento de la conversación llegamos a la conclusión de que, pese a tener un pensamiento crítico, pese a tener la inquietud necesaria para estar informados mucho más allá de lo que los medios tradiconales nos ofrecen, pese a poder comprender lo injusto, aterrador y atroz que es el mundo y el sistema que lo gobierna, no hacemos nada para cambiarlo. Sencillamente porque no hay mucho que podamos hacer. Básicamente estamos solos en esto.

Al instante recordé un pasaje del libro de Justin Scott "El Cazador de barcos": "En el mar puedes hacerlo todo bien, según las reglas, y aun así el mar te matará. Pero si eres buen marino, al menos sabrás dónde te encuentras en el momento de morir". De eso se trata, dijimos, de saber quién te está asestando el golpe. De tener claro quién, cómo y porqué está acabando con tu vida, arruinando tu felicidad, recortándote libertades, haciendo desaparecer conquistas sociales que necesitaron mucho esfuerzo y sufrimiento. Para eso es necesario leer, investigar, informarse, ser curioso hasta el absurdo, escéptico hasta la extenuación. Para saber en el momento de la muerte, real o figurada, quién nos ha llevado hasta allí y por qué motivo.

¿Matarías a un hombre para poder llenar el depósito de gasolina? Imagino que no. ¿Matarías a diez mil para mantener el precio del petróleo ...
¿Matarías a un hombre para poder llenar el depósito de gasolina? Imagino que no. ¿Matarías a diez mil para mantener el precio del petróleo a un nivel razonable para ti y muy lucrativo para algunas empresas?. ¿Tampoco?

Despierta.

En Libia comienza un periodo de iraquización con dos facciones enfrentadas, terrorismo y especuladores extranjeros llevándoselo crudo, impunemente. De eso trata instaurar la democracia. Esto es extender la libertad. Para este tipo de cosas la ONU dicta resoluciones y la OTAN machaca a los malos años después de auparles al poder. Este es nuestro mundo, nos guste o no. Aquí vivimos bien, no podemos quejarnos. Y todo es gracias a que millones de personas no viven bien, nada bien. Eso si consiguen sobrevivir. Ya sabemos que un muerto es una desgracia y diez mil es estadística.

Ojalá el cometa Elenin sí tuviera rumbo de colisión y nos enviara a tomar por saco. Nos lo hemos ganado a pulso.